Fin de semana de análisis en REPORTUR

Cataluña: el experimento español sobre la resistencia del turismo

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Javier Mato | 24 de marzo de 2018 2 comentarios


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La acumulación de noticias registradas en los últimos meses, jamás vista en un territorio turístico consolidado, permite a los expertos estudiar los comportamientos de las masas ante olas de noticias negativas. No había ocurrido jamás antes, de forma que lo que está sucediendo con Cataluña actualmente es todo un experimento sociológico: cómo reacciona el turismo ante eventos nunca vistos. Es un terreno inexplorado porque, hasta ahora, sabíamos muchas cosas del turismo, pero no cómo se comporta cuando ocurre algo tan inusual como lo que estamos viendo en el noreste de España, como recoge esta sección Fin de semana de análisis en REPORTUR.

El experimento tiene su coste económico, claro, porque todo lo que estamos aprendiendo cuesta un dineral en clientes, en inversiones, en bajada de precios, en infraestructuras inutilizadas. Sólo hay algo que atenúa el impacto de este desastre: ha ocurrido tras el verano, de forma que podría suceder que el verano que viene el impacto haya pasado y se puedan recuperar los elementos sustanciales del turismo catalán y, en menor medida, español.

A lo largo de toda esta crisis, aproximadamente desde mediados de septiembre, ningún gobierno europeo ha llegado a desaconsejar el viaje a Cataluña, sólo dicen que debido a las tensiones que se están viviendo hay muchas manifestaciones y actos de protesta que, aunque normalmente son pacíficos, pueden derivar en incidentes. Las agencias de viajes y las aerolíneas tampoco desaconsejan el viaje, salvo algún caso irrelevante en términos cuantitativos, pero recuerdan que hay que tener cuidado, porque en cualquier momento puede estallar un incidente inesperado.

Este tipo de advertencias son frecuentes para muchos destinos turísticos, sin que normalmente signifiquen nada. De hecho, pensemos que, tras el atentado islamista de las Ramblas, en la misma Barcelona, en agosto pasado, aunque hubo un efecto sobre el turismo, se diluyó en poco tiempo y no supuso un drama. En buena medida, los expertos en fenómenos de este tipo están aprendiendo que los destinos turísticos resisten algunos atentados sin sufrir en su imagen.

PORTADAS. Sin embargo, desde el primero de octubre, fecha en la que tuvo lugar el referéndum, las cosas han cambiado en Cataluña. No es que los avisos de los gobiernos o de las agencias de viajes o de las aerolíneas sean más alarmistas, sino que el cambio verdaderamente importante es que las portadas de los diarios de todo el mundo, los telediarios de todas las cadenas o los programas informativos de todas las radios nos han alertado de que la policía en Cataluña está pegando, de que hay incidentes en las calles, de que puede haber una confrontación. Y eso sí que se ha visto y ha llegado a la sociedad: simplemente es un tema de amplitud de la cobertura y esta vez sí ha sido amplia. Y eso sí ha tenido efectos.

De forma que, desde el primero de octubre, las cosas han empezado a empeorar pero muy seriamente. Las imágenes tenían que tener un efecto, pese a que no ha habido incidentes mayores. Lo que hemos aprendido ahora es la dimensión de ese efecto.

En parte, fue el propio gobierno de la Generalitat el que, en su deseo de que otros países se sensibilicen con lo que está ocurriendo, ha difundido los datos de los incidentes de la jornada electoral. Y, por supuesto, en parte es la propia acción de la policía la que propició esta cobertura. El hecho es que se ha producido una contracción del turismo.

En realidad, todo esto es nuevo para los expertos en marketing. Existían algunas experiencias en países no desarrollados del efecto de una crisis interna; existen experiencias del impacto de atentados terroristas en la imagen de un destino. Incluso se sabe qué impacto han tenido algunas catástrofes naturales –terremotos, tsunamis– o provocadas por el ser humano –como el vertido de petróleo de Deepwater Horizon, en el golfo de México, en 2010–. Pero el caso catalán, en el que un conflicto político de calado ocupa las portadas de todos los medios del mundo, no se había sufrido en tiempos contemporáneos en países de los que caen en la categoría de ‘seguros’.

A finales de octubre, una organización privada que se dedica a estudiar los flujos de la demanda de viajes en avión, ForwardKeys, difundió el siguiente dato, resultado de los estudios matemáticos hechos en la red: entre el 1 y el 25 de octubre de este año, las reservas de vuelos con destino a cualquiera de los aeropuertos catalanes cayeron un 22 por ciento con respecto al mismo periodo del año anterior. La cifra es ciertamente muy elevada, pero es el resultado de una situación nueva, inesperada, desconocida.

DESCONOCIDO. Lo nuevo es que estamos hablando de un territorio europeo en el que habitualmente no se registran noticias de gran envergadura y que se ve en el exterior como seguro. Simplemente, es un fenómeno desconocido pero que ya se puede empezar a evaluar. Y vean una primera terrible contradicción: la caída de viajeros en Barcelona, tras el atentado terrorista de agosto en Cambrils y en las Ramblas, que costó más de una docena de vidas, entre ellas las de varios turistas, tuvo un efecto mínimo en el número de viajeros; los incidentes de octubre y toda la tensión social posterior, en cambio, aunque no tuvo víctimas mortales ha supuesto una fuerte contracción del turismo, lo que nos da pautas de cómo funciona el comportamiento del mercado turístico, no necesariamente afectado por hechos puntuales como por tendencias profundas y de larga duración.

La estancia del expresidente catalán en Bruselas, su entrega a la policía, todo el procedimiento con sus ruedas de prensa, la ola de entrevistas en los medios de comunicación, la acción judicial, etcétera, aportan nuevas noticias en la prensa de los países emisores de viajeros, las cuales agravan el problema de imagen generado con esta crisis, porque la mantienen viva en la mente de los posibles viajeros.

El problema tiene más que ver con la proyección pública y los temores que suscita que no con lo que realmente ha sucedido, que es bastante irrelevante de cara al viajero.

Entre los afectados, naturalmente, está la hostelería, en primer lugar, que denuncia una pérdida significativa de reservas para los próximos meses. En segundo lugar, las compañías aéreas, con especial mención de Vueling que tiene en Barcelona su primera base. Y en cadena, todos los demás negocios del turismo, que sufren en cascada las consecuencias de la crisis.

Olivier Jager, el máximo ejecutivo de ForwardKeys, la empresa que ha cuantificado la crisis al menos para la aviación, indica que “los conflictos políticos siempre desvían viajeros de una región y eso es lo que estamos viendo ahora con un colapso de las reservas internacionales de vuelos a Cataluña, con esta caída del 22 por ciento”. El experto considera inevitable que esta crisis tenga también su efecto dominó sobre el resto de España porque los viajeros de Cataluña suelen extender sus visitas a otros lugares del país.

En cuanto a los hoteles, los datos van emergiendo paulatinamente e indican un impacto severo. Jordi Clos, el presidente del Gremio de Hoteleros de Barcelona, ha indicado que la ocupación hotelera en el mes de octubre tuvo una caída del 13 por ciento sobre el mismo mes del año anterior. Pero eso, globalmente correcto, se agrava sensiblemente cuando hablamos de hoteles de cuatro y cinco estrellas que han llegado a registrar casos puntuales de caídas del 40 por ciento en la ocupación. Obviamente, los ingresos económicos registran igual tendencia, toda vez que la demanda se ha debilitado. Clos, correctamente, explica que los medios extranjeros exageran notablemente lo que está ocurriendo, al punto de que algunos clientes parecen pensar que la policía está por las calles pegando a la gente. Sin embargo, en estos casos, la realidad no es tan importante como su percepción.

Mucho menos cuantificable es la posible pérdida o al menos retraso en las inversiones turísticas. Esto tiene dos motivos: por un lado, la incertidumbre derivada de la pérdida de viajeros y, mucho más serio y a corto plazo insoluble, las preocupaciones generadas por la no pertenencia a la Unión Europea de una futura Cataluña independiente. Esto segundo es más complejo y tiene consecuencias nefastas para la economía porque desincentiva la inversión.

En todo caso, sólo hemos asistido al primer capítulo de esta historia. Sabemos que la retracción del mercado es muy seria en un primer momento. Ahora, durante unas semanas, estamos en una especie de tregua que acabará cuando lleguen las elecciones. Tras ellas, resurgen el territorio inexplorado: ¿en cuánto tiempo volverá la normalidad al turismo? Nadie lo sabe, porque estamos descubriendo cómo funcionan estas cosas, sin que exista experiencia previa.

Pero es muy posible que todo este terremoto mediático quede diluido de cara al verano del año que viene y que incluso tan pronto como en Semana Santa pueda recuperarse el mercado. No es posible afirmarlo porque no existen experiencias previas en asuntos de este tipo. Pero sí sabemos que el producto Cataluña, y especialmente Barcelona, es muy poderoso.


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Comentarios

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Todo esto se acabaría si el gobierno corruPPto de España autorizara un referéndum vinculante en Catalunya como han hecho democracias reales en el mundo (el Reino Unido con Escocia o Canadá con el Quebec).

En una democracia real, se respeta la Constitución y las leyes que de ella emanan. Cosa que en Catalunya, los representantes políticos independentistas no están dispuestos a aceptar.