FUTURO TURíSTICO PARA PUERTO DE LA HABANA

Medio millón de cruceristas de EEUU atracarían en Cuba de no haber bloqueo


Luz Marina Fornieles | Delegada en La Habana | 20 de septiembre de 2013 Deja un comentario


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Cuba tiene muchos encantos, y su capital, La Habana, ocupa uno de los peldaños principales en el interés turístico del destino, pues más del 90 % de los viajeros que llegan al país pasan por esta ciudad.

Y es, precisamente la bahía, su puerto, un eje significativo, pues alrededor de esta rada apareció la capital.  El puerto citadino tiene un futuro promisorio, afirmación que se apoya en los planes de las autoridades, sobre todo en los sueños y proyectos de la Oficina del Historiador de la Ciudad, liderada por Eusebio Leal Spengler.

Un actual proyecto de remodelación de esta zona de la capital cubana contempla la construcción de un paseo marítimo flotante de madera y de parques que se conectarán con mercados artesanales, así como el rescate de una antigua estructura para terminal de ferris. Tales aires renovadores constituyen una continuación de un remozamiento que comenzó en la década de 1990 en La Habana Vieja.

La Bahía de La Habana tendrá un nuevo rostro cuando culmine la rehabilitación de esta zona otrora portuaria, industrial y contaminada. Ya no será el principal puerto del país; pero en cambio se convertirá en una área atractiva y de gran desarrollo turístico, según las previsiones.

El plan, esperan fuentes oficiales, revitalizará la economía, cambiará la imagen de barriada deprimida y atraerá más turistas, mientras las actividades comerciales e industriales tradicionales de ese entorno se mudarán al nuevo Puerto del Mariel, 45 kilómetros al oeste.

Ahora, el proyecto rehabilitador se encuentra ejecutado en un 50%- deberá concluirse en un lustro- y se espera para las semanas venideras la inauguración, como parte de este, de una cervecería artesanal en lo que fuera un galpón de depósito de tabaco.

El arquitecto Orlando Inclán, de la Dirección de Proyectos de Oficina del Historiador, la dependencia gubernamental que tiene a cargo la iniciativa, sueña con un espejo de agua recreativo lleno de gaviotas, pelícanos y veleros, con cubanos disfrutando del fresco salitroso al atardecer, niños jugando y turistas tomando una cerveza en espacios de sofisticado diseño.

Los deseos del experto empezaron a hacerse posibles luego de que en 2009 las autoridades reconocieron que la infraestructura de la Bahía de La Habana, en forma de bolsa con un pequeño canal de entrada poco profundo por debajo del cual pasa un túnel, no podría ser ampliada.

Arturo López-Levy, un economista cubano que se desempeña en la Universidad de Denver, calculó que un proyecto semejante podría superar los 100.000.000 de dólares, teniendo en cuenta la limpieza ambiental y el costo de trasladar la actividad industrial.

Tal renovación es también una apuesta a un futuro sin sanciones económicas de Estados Unidos y una apertura a la industria del ocio en general, y en particular para estos dominios, en la modalidad del crucerismo, ahora restringida únicamente a los arribos previstos del canadiense Cuba Cruise, el griego Variety Panorama, el alemán Star Clipper, el inglés Thompson Dreams y el estadounidense Semester at Sea, junto a operaciones más tradicionales.

Cuba recibió en 2012 unos 2,8 millones de turistas, que generaron ingresos del orden de los 2.600 millones de dólares —un motor de las finanzas isleñas—; pero el gobierno de EE.UU. prohíbe a sus ciudadanos visitar la Antilla Mayor so pena de ser sancionados.

“El puerto de Mariel modernizado y el de La Habana, acondicionado para más viajes, sería un catalizador para acelerar las relaciones comerciales ya permitidas o por permitir en Washington”, agregó López-Levy, avizorando una invasión de estadounidenses si se les permite venir a la ínsula sin restricciones.

“La Habana está lista para un cambio sensible”, dijo asimismo el urbanista cubano Julio César Pérez, quien funge como profesor visitante en la Universidad de Harvard.

Cuando se habla de una isla grande en el Caribe y con sobradas bondades para el turismo, muchos pensarán de inmediato en Cuba, privada por el bloqueo de la Casa Blanca de ser puerto seguro para los buques de recreo que pululan por el entorno.

Por obra y gracia de leyes norteñas extraterritoriales, los cruceros que transitan por estos mares continúan mirando a la distancia a la “nación maldita” y sus itinerarios se vuelven una telaraña en torno al territorio nacional, cuyos puertos seguros…están prohibidos.

Específicamente, la Enmienda Torricelli (1992) prohíbe tocar radas en los dominios norteños por un plazo de 180 días a las embarcaciones que lo hayan hecho antes en suelo cubano. Téngase en cuenta que fuentes oficiales calculan que por las vecinas aguas se mueven en 12 meses unos 3 000 000 de cruceristas y que el 90 % de esa industria naviera posee capitales, precisamente, de Norteamérica.

Según una declaración realizada por la Agencia de Viajes de América (ASTA) ante la Comisión de Comercio Internacional (ITC), de no existir la prohibición de viajes de ciudadanos norteamericanos a Cuba, en un corto plazo 1.3 millones de turistas de estancia y medio millón de cruceristas podrían visitarnos. Informes de otras investigaciones de mercado realizadas por empresas estadounidenses de turismo y otras vinculadas al sector del transporte aéreo, estiman que en unos pocos años, de eliminarse el bloqueo, la cifra de viajeros  procedente de La Unión con tal dirección superaría los 5 000 000 por año.

La infraestructura instalada en este destino caribeño dispone de  capacidad para recibir unas 600 escalas en tres puntos y un millón de pasajeros, han señalado autoridades del patio relacionadas con las terminales de la capital, Cienfuegos (al centro-sur) y Santiago de Cuba (en el oriente).

Empresarios consultados sobre esta variante recreativa de la industria sin chimeneas, coincidieron en reconocer que todo el mundo está interesado en venir a La Habana, pero ninguna (compañía) puede porque los penalizan (en Estados Unidos). Las leyes son implacables…, se lamentaron.

En tanto, mientras los temas políticos tomen su nivel,  las obras avanzan y son ostensibles a simple vista en la bahía habanera, para cuyo puerto se vislumbra un promisorio futuro turístico.


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