Tribuna

Lo de Chichén no es solo una cuestión de tarifas


Sergio González Rubiera | 27 de enero de 2019 Deja un comentario


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De un tiempo a esta parte a los Gobiernos de los tres niveles se les hace fácil, inventarse nuevos impuestos y derechos para grabar a los turistas y como es lógico especialmente en las ciudades y estados eminentemente turísticos en donde los flujos de visitantes son significativos y por ende sus pretendidas recaudaciones serán también significativas.

No existen estudios de por medio, análisis, diagnósticos serios y mucho menos planes y programas de mejora o proyectos de inversión que justifiquen los afanes recaudatorios, simplemente es eso, un propósito recaudatorio, echando mano de los flujos turísticos para de un plumazo hacerse de recursos.

Los ilustres promotores de estos nuevos impuestos, cuotas o derechos en diversos ámbitos sostienen graciosamente la idea de que no tienen porque afectar a los ciudadanos o a las empresas, pues serán pagados directamente por los turistas.

Al no tener ni la más pajolera idea de cómo funciona el turismo y con la poca sensibilidad que les caracteriza, políticos, secretarios, alcaldes, directores y funcionarios de poca monta promueven iniciativas, en una suerte de creatividad imaginativa genial y hasta son capaces de presentarlos como la gran alternativa que sin duda, vendrá a solucionar enormes problemas y a cambiarnos la vida.

Tal es el caso de las creativas propuestas para nuevas cuotas y derechos desde las oficinas de la Comisión Nacional de Áreas Protegidas, que al conocer los flujos de turistas en diversos sitios y atractivos, sobrevienen ocurrencias que sin duda sacarán del atraso a sus instituciones.

La cuestión es simple, los ocurrentes y creativos funcionarios, se limitan a multiplicar los números de turistas por las cuotas que a ellos y su genial inventiva les parecen apropiadas y cataplum aparece un nuevo derecho y además la forma de venderlo es también genial;

que lo paguen los turistas“…

Y así van apareciendo también, Impuestos de Saneamiento Ambiental, que no sé si sanearán algo que no sean las finanzas municipales; nuevas y creativas formas de impuesto al hospedaje; y lo que se le vaya ocurriendo a esta nueva generación de ilustres administradores de lo ajeno.

No entienden de turismo, de cómo se promueve, ni de cómo se opera, simplemente suponen que si se les cargan 20 pesos por aquí y 50 por allá, no pasa nada y todos felices.

En ese orden de ideas, a los jóvenes operadores del también joven Gobierno del Estado de Yucatán, se les ha ocurrido ante su escasez de recursos y de otras cosas, la genial idea de incrementar en un 100% las cuotas de entrada a los sitios Arqueológicos de ese Estado, por supuesto pensando como siempre en que lo paguen los Turistas. 

En este caso no se trata, como hemos dicho reiteradamente, de un simple aumento de tarifas que podrían reflejarse en los precios de venta al público y listo. Se trata de que los osados y exponenciales incrementos no van acompañados de mejora alguna en los sitios arqueológicos.

Para empezar hay que decir que Yucatán es la única Entidad en la que existe este Patronato CULTUR, que cobra a los visitantes una cuota adicional a la que por Ley cobra el INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia), Patronato creado en la administración del Gobernador Víctor Cervera Pacheco y que por años se ha especulado en el sentido de que ha venido a ser la caja chica de los Gobiernos del Estado.

Mucho se ha cuestionado la legalidad o constitucionalidad del famoso CULTUR, pero lo más importante es que resulta muy cuestionable la calidad de servicios que ofrece a los visitantes a cambio de las cuotas que recibe, muy superiores a las del INAH por visitar los sitios arqueológicos.

En el caso de Chichén Itzá no sólo se ha cuestionado, sino que se han exigido mejores instalaciones y por si fuera poco, han pasado décadas sin que se resuelva el tema de la penosa invasión de vendedores ambulantes que se han apoderado del sitio declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO; si la gente de la ONU, lo viera

Estos pseudo artesanos, acosan a los turistas, emiten toda clase de ruidos, venden toda clase de productos de dudosa procedencia y hacen de la experiencia a un lugar que sería mágico, algo verdaderamente penoso.

Las administraciones de Gobierno en Yucatán se han sucedido sin que ninguna resuelva el asunto de la invasión y sin que se mejoren de manera importante y significativa las instalaciones de servicio al turista.

Ahora llega un nuevo Gobierno y lo primero que se les ocurre es incrementar la cuota para los extranjeros, sin ningún plan lógico y coherente tanto para mejorar el sitio y su zona de influencia, como para reubicar a los comerciantes. Ciertamente se enfrentan a un problema social que los gobiernos anteriores dejaron crecer irresponsablemente y que el nuevo mandatario hereda, pero ciertamente ese, es su problema, no de la industria turística, ni de los operadores que no tienen porque absorber los costos.

Hasta cuándo se entenderá que el turismo es la gran alternativa y que requiere de estímulos e incentivos, no de barreras y obstáculos.

Podríamos trabajar en equipo y sería más fácil


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Álvaro Alcocer
Analista aéreo de REPORTUR

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